Yo soy tu padre: cómo se determina la filiación paterna en nuestro Derecho

Intuitivamente todos entendemos que la filiación es un hecho esencialmente biológico: todo ser humano ha sido engendrado y procreado por otro. Este hecho natural se ve reconocido y regulado por el Derecho estableciendo una serie de obligaciones entre padres e hijos. Se establece así un vínculo jurídico que nunca se romperá mientras viva una de las partes aun cuando los hijos salgan de la patria potestad de sus padres. El presente artículo se centrará, pues, en la filiación por naturaleza (no trataremos la filiación adoptiva) y, más concretamente, en la reclamación de la filiación paterna y en su prueba.

De ahí la emblemática frase que sirve de título a este artículo y que, como la mayoría de lectores sabrán, forma parte de uno de las escenas clave de la historia del cine y reproduce, además, uno de los momentos trascendentales de la Tragedia griega: la anagnórisis (del griego antiguo ???????????, “reconocimiento”) que se produce cuando uno de los personajes descubre datos clave sobre su origen. Recordemos el momento en que Edipo descubre que ha yacido con su madre, Yocasta, y asesinado a su padre, Layo.

Este reconocimiento era también un concepto clave en la Roma clásica. El paterfamilias tenía que reconocer a su hijo una vez traído al mundo por la matrona romana en una ceremonia en la que la madre depositaba a los pies del padre al recién nacido que solo ingresaba en la familia si el padre lo recogía.

La razón de esta tradición, que a los ojos modernos puede parecer algo peculiar, radica en un hecho que es conocido por todos y que se resume en el aforismo latino mater semper certa est, pater semper incertus. El hecho generador del parto acredita que la madre es la progenitora, sin embargo, durante mucho tiempo ha sido prácticamente imposible acreditar que el padre es el progenitor. Por ello las diferentes culturas han buscado subsanar esta incertidumbre mediante ceremonias (como la romana que hemos descrito) o mecanismos legales para determinar la filiación. Así, nuestro Código civil (Cc) distingue según se trate de filiación matrimonial o no matrimonial. En el primer caso, se presume que el padre es el marido de la madre (art. 116 Cc), a falta de dicha presunción es necesario que un Juez lo declare en sentencia o que el padre lo reconozca (art. 115 Cc). Si el hijo, por el contrario, nace fuera del matrimonio (aun siendo pareja de hecho los padres) es necesario que el padre lo reconozca bien ante el registro civil, bien en testamento u otro documento público. A falta de este reconocimiento es precisa sentencia que lo declare (art. 120 Cc). La prueba para acreditar la paternidad se deduce de lo dicho anteriormente: inscripción en el Registro civil, sentencia, por la presunción de paternidad matrimonial o por la posesión de estado (art. 113 Cc). La posesión de estado supone que el hijo ostenta el nombre del padre, recibe el trato que es propio entre padre e hijo y es tenido como tal en el concepto público, que son los tres requisitos tradicionales de tractatus, nomen y fama.

Esta posesión de estado es importante en el caso de que el padre tenga que reclamar su paternidad ante los Tribunales, supuesto que cada vez es más común en nuestra sociedad, ya que la ley distingue las personas que están legitimadas para interponerlas y el plazo de prescripción, según exista o no dicha posesión de estado.

– Filiación paterna matrimonial: el art. 131 Cc legitima a cualquier persona con interés legítimo para pedir que se declare la filiación manifestada por la constante posesión de estado, salvo que la filiación que se reclama contradiga otra legalmente determinada.

– Filiación paterna matrimonial sin posesión de estado: el art. 132 Cc atribuye legitimación al padre, a la madre o al hijo o sus herederos. Esta acción es imprescriptible.

– Filiación paterna no matrimonial con posesión de estado: cualquier persona con interés legítimo tiene acción para que se declare la filiación manifestad por la constante posesión de estado.

– Filiación paterna no matrimonial sin posesión de estado: el antiguo art. 133 Cc nos decía que solo estaba legitimado el hijo durante toda su vida.

Este último caso fue especialmente polémico ya que el citado artículo vulneraba el derecho a la igualdad (art. 14 Constitución Española (CE)) y a la tutela judicial efectiva (art. 24 CE) y comprometía el principio constitucional de protección de la familia y el de libre investigación de la paternidad (arts. 39.1 y 2 CE). Basándose en estos argumentos, la Audiencia Provincial de Ciudad Real planteó una cuestión de inconstitucionalidad que fue objeto de resolución en la Sentencia del Tribunal Constitucional 273/2005, de 27 de octubre que amplió la legitimación para la reclamación de la filiación paterna del presunto padre cuando no existiese posesión de estado. Con la Ley 26/2015, de 28 de julio esta resolución se materializó en la modificación del art. 133 Cc que ahora permite al padre ejercitar la acción de filiación en el plazo de un año contado, bien desde que conoce el nacimiento, bien desde que conoce los hechos en base a los que reclama.

Cada vez son más los padres que desean iniciar este tipo de acciones. Pensemos por ejemplo en la ruptura de la pareja de forma previa al nacimiento del menor. De no reconocer la madre la paternidad de su anterior pareja, el padre se ve obligado a iniciar las acciones del 133 Cc si quiere establecer vínculos paterno-filiales con el menor. En caso de no actuar pronto, corre el riesgo de que se reduzcan drásticamente sus derechos de visita y sus posibilidades de formar parte de la vida de su hijo, aun cuando éste sea su deseo.

En cuanto a la prueba en dichas reclamaciones, fotografías, correspondencia y sistemas de mensajería resultarán de vital importancia. Antes de que se determine la práctica de una prueba biológica (de la que puede depender el resultado de la acción), se deberá ofrecer indicios suficientes de la necesaria relación entre los progenitores.

Como conclusión, ante la posibilidad de que la madre no reconozca la filiación del padre, éste debe actuar con celeridad y a través de los cauces establecidos por nuestro ordenamiento. Un buen asesoramiento legal, así como la preparación de una prueba sólida, serán el mejor aval para que puedan disfrutar de la compañía del menor lo antes posible y evitar con ello dificultades derivadas de la falta de contacto en las primeras etapas de la vida de éste.

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